Papas a la huancaína. Receta peruana

Papas a la huancaína o cuando triunfa la coquetería. Dicen de este simple pero delicioso plato peruano que su invención se debe a la coquetería de una hermosa mujer huancaína, es decir, natural de Huancayo, la ciudad más importante de la sierra Central peruana, habitada por los huancas y que fue parte del imperio inca. Con todos estos atributos, no podemos esperar de este plato sino que sea noble, encumbrado y por supuesto sabroso. Os aseguro que así es.

Cuentan que en la época en la que en Perú se construyó un ferrocarril ―llamado ferrocarril del centro― que iba desde Lima a Huancayo, los incansables trabajadores que lo hicieron realidad, que laboraban a más de 2.000 m de altura picando la piedra de los cerros incansablemente y en unas condiciones climáticas realmente adversas, tomaban sus condumios en Huancayo, servidos por los propios habitantes de la ciudad.

Y eran las mujeres principalmente quienes llevaban el almuerzo a los picapedreros. Entre ellas destacaba una especialmente, que, además de cocinar con mucha maña, era hermosa, bienplantada y sobre todo muy coqueta. A esta moza la apodaron «la huancaína», pues era natural de Huancayo, y ella, presumida como era, llevaba en su cesto, bien engalanado, el sustento de los trabajadores con mucha gracia y salero. Su especialidad eran unas patatas cocidas bañadas en una suculenta salsa de queso y rematadas por unos huevitos duros que eran la gloria bendita.

Esta salsa, que en realidad era el secreto del éxito del plato, la elaboraba la huancaína con queso triturado mezclado con rocoto ―el fruto de una planta que resulta muy picante― cocido y picado, que luego mezclaba con leche para suavizarlo. Al cabo del tiempo, los picapedreros del ferrocarril se atrevieron a preguntar a la hermosa huancaína por el nombre de aquella delicia, a lo que obtuvieron de la moza una encogida de hombros. No tardaron los valientes en ponerle el nombre que creían que bien se merecía para hacer honor a la bella que los alimentaba a diario, el estómago y el alma ―porque ya sabéis lo unidas que están ambas cosas―, y bautizaron la delicia como «papas a la huancaína».

Las vías del tren quedaron bien construidas, los jornaleros marcharon del lugar con el alma encogida, pues ya no verían más a la dueña de sus corazones, pero quedó para siempre grabado el nombre de la moza en el plato que los conquistó. Desde entonces y hasta ahora es el que lleva esta delicia, con honor y gallardía, por todo el territorio peruano.

Para 8 personas

Dificultad: Media

Tiempo: 30 minutos

Ingredientes:

  • 3 kg de papas
  • 500 g de queso fresco
  • 500 g de blanco cremoso o requesón
  • 2 cucharadas de ají mirasol molido
  • 100 ml de aceite vegetal
  • el zumo de 1 limón
  • el zumo de ½ naranja
  • 6 huevo
  • aceitunas
  • sal

Preparación:

  1. En una olla con abundante agua, cocer las papas hasta que estén tiernas. Una vez cocidas, escurrirlas y pelalarlas.
  2. A parte, en un cazo con agua, cocer los huevos durante 12 minuto. A continuación, pelarlos y cortar 4 de ellos en cuarto o en rodajas. Reservar.
  3. En la batidora, mezclar los quesos y triturarlos junto con las yemas de los huevos restante, el ají molido, el zumo de limón y de de naranja y el aceite vegetal.
  4. Cortar las patatas en trozos grandes, regarlas con la salsa anterior
  5. Servir decoradas con los huevos cocidos reservados, las aceituna y las hojas de lechuga.

 

 

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